Arrocampo, de embalse industrial a ecosistema excepcional

Hace unos días el diario Hoy publicó este artículo sobre el embalse de CNA:

El embalse fue construido en 1976, aprovechando el cauce del arroyo Arrocampo en la zona anterior e inmediata en que éste vierte sus aguas al Tajo, como sistema de refrigeración de la central nuclear de Almaraz. Con el paso del tiempo, el embalse de Arrocampo, creado como consecuencia de la existencia de la Central, se ha convertido en un ecosistema excepcional declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Vista aérea del embalse de Arrocampo y su pantalla de separación térmica.

Vista aérea Arrocampo y su pantalla de separación térmica.

El estar valorado como un lago tropical situado en una latitud de clima mediterráneo/continental, operando a cota constante (255 m sobre el nivel del mar, por lo que no se producen variaciones de nivel estacionales como ocurre en otros embalses y lagunas naturales) facilita la permanencia de la fauna, fundamentalmente avifauna, que habita en él y sus orillas.

El hecho de que mantenga siempre el mismo nivel permite que se instalen especies vegetales capaces de mantener las raíces permanentemente en el agua, como es el caso de las eneas que además de excelentes biodepuradoras proporcionan un ambiente seguro y son refugio favorable para el anidamiento de numerosas especies de aves acuáticas.

La pantalla de separación térmica, integrada ecológicamente en el entorno ya que es utilizada por la avifauna para la construcción de sus nidos, hace que el agua circule por el embalse realizando un recorrido de 25 km desde que sale de la central tras refrigerar los condensadores hasta que es de nuevo captada. Durante ese recorrido se produce un gradiente térmico horizontal, es decir, en la superficie del agua las temperaturas altas de la salida de la refrigeración se van enfriando gradualmente a medida que se alejan hacia la presa.

Esta variación gradual de la temperatura en el agua da lugar a zonas térmicamente muy distintas lo que facilita que los organismos seleccionen y se establezcan en aquellos lugares en los que encuentran sus temperaturas preferidas. Experimentalmente se conoce que a mayor temperatura, el plancton -como muchos otros organismos- se reproduce, crece y madura más deprisa y tiene más generaciones en el año. En Arrocampo, por sus condiciones térmicas, la densidad de plancton es más elevada que en los reservorios normales y para la ictiofauna y avifauna que se alimentan de este plancton significa que han encontrado una zona de recursos alimenticios prácticamente ilimitados.

La capacidad potencial y real de acogida de especies y de individuos de aves relacionadas con el medio acuático de Arrocampo es muy superior a los de otros embalses, lagunas o charcas de las mismas latitudes. El número que se llega a contabilizar anualmente oscila entre 27 y 38 especies y se supera el medio centenar tras treinta y cinco años de seguimiento de todas las especies censadas.

Toda esta rica biodiversidad ha dado lugar a que desde 2003, en el marco de las Directivas 79/409/CEE y 92/43/CEE, el Embalse de Arrocampo esté clasificado como ZEPA (Zona de especial protección para las aves) es decir, un área protegida catalogada por los estados miembros de la Unión Europea como zonas naturales de singular relevancia para la conservación de la avifauna amenazada de extinción.

En definitiva Arrocampo, con más de 35 años de edad, se ha convertido desde el comienzo de su vida activa en uno de los lugares de mayor acogida de especies por superficie húmeda de Extremadura, incluso puede ser el que más alcanza.

La dualidad del embalse (sistema de la central y medio natural) requiere aunar la función de refrigeración de la central con el mantenimiento de las condiciones ecológicas del mismo para la vida de la flora y fauna. Para ello, los gestores de la Central Nuclear llevan a cabo de forma permanente y sistemática, una vigilancia y control de la situación del embalse mediante estudios limnológicos, térmicos, meteorológicos y de la ictiofauna, además de colaborar en el desarrollo de estudios de la avifauna. Los resultados que se obtienen de estos estudios se utilizan para gestionar el embalse asegurando la refrigeración de la central y su viabilidad como ecosistema de alto valor. Todas estas labores de control y gestión las realizan en un marco regulado por la Confederación Hidrográfica del Tajo que otorga unos caudales máximos de captación del embalse de Torrejón e impone unos límites a las características físico-químicas del agua vertida a dicho embalse.

De forma periódica, la Universidad de Extremadura realiza diferentes estudios para analizar la biodiversidad de las aves y las acogidas anuales de individuos. José Carlos Escudero, Catedrático del Área de Ecología de la Facultad de Ciencias de esta Universidad y coordinador de los estudios, asegura que los informes realizados concluyen “que la carga ornitológica que soporta el embalse de Arrocampo es más elevada que en la mayoría de las masas de agua. Y lo más importante, se trata de un sistema dinámico”.

Por todas estas razones, cuando desde algunos sectores surgen planteamientos de cierre de la central, los que trabajan en el estudio y conservación de Arrocampo se preguntan: ¿qué ocurriría al parar los reactores, al dejar de circular el agua en la forma que lo hace y dejar los niveles al amparo de la meteorología? ¿Y las temperaturas? Evidentemente, las condiciones se romperían drásticamente y el ecosistema inevitablemente terminaría. Como asegura José Carlos Escudero: “se puede predecir que la falta de temperatura provocaría una seria perturbación que haría disminuir el placton y, en consecuencia, los peces y las aves por lo que Arrocampo perdería su estado como lugar de alto interés para las aves”.

La garza es una de las especies que habitan aquí.

La garza es una de las especies que habitan en Arrocampo.

Desaparecerían las zonaciones térmicas, el plancton disminuiría y con ello los peces y también la cantidad y variedad de especies de aves. Es decir, quedaría como mucho como un embalse más, pero que habría sufrido tan seria perturbación que deberá iniciar un proceso de sucesión y naturalmente seguir una nueva ruta evolutiva. Aunque pudiera continuar como apeadero de aves, su estado como lugar de alto interés para la avifauna se perdería.

Llegados a este punto, hay que recordar que las Directivas Europeas sobre catalogación de zonas ZEPA parten del reconocimiento de que las aves del territorio europeo son patrimonio común y han de ser protegidas a través de una gestión homogénea que conserve sus hábitats. Bajo estas Directivas, los estados miembros de la Unión Europea asumen la obligación de salvaguardar los hábitats de aves migratorias y ciertas aves particularmente amenazadas.

El embalse de Arrocampo tiene una superficie de 770 Ha, un volumen de 35.5 Hm3 de agua, una longitud máxima desde la presa de 8.4 km, una profundidad media de 4.6 m y una profundidad máxima de 22 m, junto a la presa.

Share this article

  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn
  • Add to favorites
  • Email
  • RSS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *